El martes, 28 de
octubre, acudí a mi primera sesión de Innovación
social. Llegué tarde con una compañera de clase, ninguna de las dos sabíamos
muy qué íbamos a hacer ahí ni qué conclusiones sacaríamos. Nada más entrar los
profesores nos dividieron en tres grupos con la finalidad de analizar el ámbito
de la educación a través de nuestras experiencias personales. La idea era que
entre todos identificáramos cuales eran los fallos del sistema educativo y
proponer soluciones a estos. Uno a uno fuimos hablando de nuestras experiencias
en este ámbito, en la mayoría de casos similares, cosa bastante normal teniendo
en cuenta que habíamos estudiado con las mismas leyes vigentes y con un método
parecido sino igual, las diferencias más significativas eran si el centro era
público o privado. Todos estuvimos de
acuerdo en señalar la ineficacia de muchos profesores faltos de vocación, la deficiencia
del método de enseñanza empleado en las clases de inglés, o la pasividad del
sistema ante los llamados “alumnos problemáticos.” Este último problema ocupó
gran parte de nuestro debate a la hora de proponer soluciones a estos problemas.
Todos nosotros aportamos al respecto soluciones en función de nuestro punto de
vista condicionado por nuestras vivencias. Y eso es lo que hizo especial esta
primera clase, desde el primer momento, aunque nos quejábamos y narrábamos
hechos parecidos cada uno lo hacía desde su propia perspectiva influida por sus
vivencias.
Fue esta pluralidad de perspectivas lo que
realmente hizo interesante esta primera experiencia, ya que al conocer los
diferentes puntos de vista generados por unas vivencias personales determinadas
adquieres conocimiento acerca del porqué de los fallos existentes en un
determinado ámbito, el educativo en este caso. De este modo las soluciones
podrán ser más efectivas.
Este sistema de trabajo
sigue el método resolutivo-compositivo que consiste en descomponer el problema
en sus partes, analizarlas, y una vez se conocen todas sus partes volver a
recomponer el problema. Gracias a esta descomposición somos capaces de conocer el
problema y de abordarlo. De tal modo que la exposición, por parte cada miembro
del grupo, de sus vivencias personales y conocimiento puede cambiar la opinión
del resto de componentes acerca de un problema en concreto e incluso puede
reformular el marco con el que el individuo concibe dicho ámbito, llegando a
cuestionarse y poner en duda cosas que antes daba por normales o de sentido
común. Con este ejercicio no sólo se ponen de manifiesto los errores del sistema
sino que se profundiza en ellos, llegando a saber el porqué de estos. Y una vez
se sabe la causa de los problemas es más fácil proponer soluciones que sean
efectivas.
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