martes, 13 de enero de 2015

MI PRIMER DÍA


El martes, 28 de octubre, acudí a mi primera sesión de Innovación social. Llegué tarde con una compañera de clase, ninguna de las dos sabíamos muy qué íbamos a hacer ahí ni qué conclusiones sacaríamos. Nada más entrar los profesores nos dividieron en tres grupos con la finalidad de analizar el ámbito de la educación a través de nuestras experiencias personales. La idea era que entre todos identificáramos cuales eran los fallos del sistema educativo y proponer soluciones a estos. Uno a uno fuimos hablando de nuestras experiencias en este ámbito, en la mayoría de casos similares, cosa bastante normal teniendo en cuenta que habíamos estudiado con las mismas leyes vigentes y con un método parecido sino igual, las diferencias más significativas eran si el centro era público o privado.  Todos estuvimos de acuerdo en señalar la ineficacia de muchos profesores faltos de vocación, la deficiencia del método de enseñanza empleado en las clases de inglés, o la pasividad del sistema ante los llamados “alumnos problemáticos.” Este último problema ocupó gran parte de nuestro debate a la hora de proponer soluciones a estos problemas. Todos nosotros aportamos al respecto soluciones en función de nuestro punto de vista condicionado por nuestras vivencias. Y eso es lo que hizo especial esta primera clase, desde el primer momento, aunque nos quejábamos y narrábamos hechos parecidos cada uno lo hacía desde su propia perspectiva influida por sus vivencias.
 Fue esta pluralidad de perspectivas lo que realmente hizo interesante esta primera experiencia, ya que al conocer los diferentes puntos de vista generados por unas vivencias personales determinadas adquieres conocimiento acerca del porqué de los fallos existentes en un determinado ámbito, el educativo en este caso. De este modo las soluciones podrán ser más efectivas.

Este sistema de trabajo sigue el método resolutivo-compositivo que consiste en descomponer el problema en sus partes, analizarlas, y una vez se conocen todas sus partes volver a recomponer el problema. Gracias a esta descomposición somos capaces de conocer el problema y de abordarlo. De tal modo que la exposición, por parte cada miembro del grupo, de sus vivencias personales y conocimiento puede cambiar la opinión del resto de componentes acerca de un problema en concreto e incluso puede reformular el marco con el que el individuo concibe dicho ámbito, llegando a cuestionarse y poner en duda cosas que antes daba por normales o de sentido común. Con este ejercicio no sólo se ponen de manifiesto los errores del sistema sino que se profundiza en ellos, llegando a saber el porqué de estos. Y una vez se sabe la causa de los problemas es más fácil proponer soluciones que sean efectivas.